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lunes, 21 de octubre de 2013

Pensamientos en voz alta


¡Sin ti puedo ser feliz!


Leí esa frase en una de las muchas páginas de motivación, autoayuda y esas cosas y no pude evitar darle una vuelta en mi cabeza.

En la actualidad nos bombardean cada vez más con que hay que amar en libertad, sin hacerse dependiente de la otra persona. Y la verdad esta forma actual de amar, no me termina de convencer.

Tal vez soy muy antigua para pensar, pero recuerdo cuando amé sintiéndome totalmente dependiente de mi pareja, queriendo sentirlo cercano y como si fuese de mi propiedad y yo de él. 
    

Después que han pasado años de separación y puedo verlo de esa forma desapegada, en que no importa si está presente o ausente, si tiene otras parejas o no, resulta que no puedo evitar comparar la forma en que “amo” a mi actual pareja y sucede que noto ese desapego. O sea, aprendí a amar en libertad, pero no siento ni de cerca la felicidad que sentía cuando amaba a la antigua.

viernes, 11 de octubre de 2013

M U J E R E S

Urgando por la web encontré el texto que adjunto más abajo.  Lo encontré especial para el período de vida en el que me encuentro.  Espero les guste...



DICEN DE LAS MUJERES 

Dicen que a cierta edad las mujeres nos hacemos invisibles, que nuestro protagonismo en la escena de la vida declina y que nos volvemos inexistentes para un mundo en el que solo cabe el ímpetu de los años jóvenes.

Yo no se si me habré vuelto invisible para el mundo, es muy probable, pero nunca fui tan consciente de mi existencia como ahora, nunca me sentí tan protagonista de mi vida, y nunca disfruté tanto de cada momento de mi existencia.

Descubrí que no soy una princesa de cuento de hadas, descubrí al ser humano que sencillamente soy, con sus miserias y sus grandezas.

Descubrí que puedo permitirme el lujo de no ser perfecta, de estar llena de defectos, de tener debilidades, de equivocarme, de hacer cosas indebidas, de no responder a las expectativas de los demás.  Y a pesar de ello   ¡quererme mucho!.

Cuando me miro al espejo ya no busco a la que fui, sonrío a la que soy.
Me alegro del camino andado, asumo mis contradicciones.
Siento que debo saludar a la joven que fui con cariño, pero dejarla a un lado porque ahora me estorba.
Su mundo de ilusiones y fantasía ya no me interesa.
¡Qué bueno vivir sin poner el listón tan alto!
¡Qué bien no sentir ese desasosiego permanente que produce correr tras los sueños!.

La vida es tan corta y el oficio de vivirla es tan difícil, que cuando uno comienza a aprenderlo, ya hay que morirse.

El ser humano tarda mucho en madurar, ¿verdad?